Se elogia la figura de Bruno Quinteros y se compara su perfil con el de Scaloni, destacando su sensatez y la veracidad de sus declaraciones.
Se resalta el mérito de ser futbolista profesional, comparándolo con ser ingeniero y enfatizando lo difícil que es llegar a esa meta. Se subraya el valor del trabajo de entrenadores, captadores y formadores.
Se concluye que, incluso si no se convierten en jugadores profesionales, los chicos formados en este sistema serán "mejores personas", lo que demuestra el impacto positivo del proceso formativo.