Se narra la historia de Tato Gómez, un reconocido hincha argentino, quien ideó una peculiar estrategia para ingresar al estadio sin entrada: "alquiló" un bebé a una pareja para pasar los controles de seguridad.
Tras observar el accionar de los hinchas y los controles, Gómez pidió a una pareja que le prestara a su bebé de seis meses. Con el niño en brazos, logró pasar los molinetes y acceder al estadio. El hecho, aunque celebrado por algunos por su ingenio, es cuestionado por su irregularidad y el riesgo que implicó para el menor.