El Producto Interno Bruto (PIB) de China experimentó una brusca desaceleración entre abril y junio, alcanzando un 4.3% anualizado, el ritmo más débil en más de tres años. Este estancamiento se produce a pesar del fuerte apoyo estatal y la inversión privada en tecnologías de vanguardia como la inteligencia artificial y la robótica.
Mientras algunos economistas señalan un desequilibrio creciente en la economía china, otros indican que las exportaciones han mostrado un aumento significativo, un 17.6% en la primera mitad del año. Sin embargo, el gasto y la inversión internos se han rezagado, limitando el impulso de la manufactura orientada a la exportación.
Mao Zedong, subdirector de la Oficina Nacional de Estadísticas de China, afirmó que el crecimiento se mantiene en línea con el objetivo anual del 5.2% y que la operación económica general es estable. No obstante, la crisis inmobiliaria del país continúa profundizándose, con una caída del 18% en la inversión y una disminución del 11.6% en las ventas de viviendas en el primer semestre.