La Plaza del Sol en Madrid se encuentra en un silencio inusual, marcado por la preparación de un rodaje cinematográfico para una plataforma de streaming. La zona está cerrada al público, impidiendo el acceso a pesar de la presencia de figuras como Carlos III (en efigie) y la mención de Messi.
El ambiente contrasta con la expectativa del Mundial, sumergiendo la plaza en una atmósfera de producción audiovisual. Se evoca el concepto de despotismo ilustrado en relación con la política, mientras la figura de Messi se mantiene como un símbolo recurrente en la conversación.