Laura encontró la liberación participando en la Iglesia Universal, donde comprendió que debía desprenderse del tormento, el mal, el odio y el rencor que cargaba. A través de la fe, empezó a sentir la presencia de Dios y a experimentar un amor divino que llenó el vacío que sentía desde niña.
Este proceso le permitió sanar y amar a sus hijos y esposo, transformando su vida por completo. La fe en Dios se convirtió en la fuente de su sanación y fortaleza.