Viviana González relata cómo cargó durante 40 años con una maldición proferida por su madre, quien la criticaba constantemente, causándole depresión y baja autoestima.
Describe haber sufrido maltrato en su matrimonio y al regresar a su hogar, la situación empeoró, reviviendo el infierno y sintiéndose desvalorizada por su propia madre, incluso delante de sus hijas. La falta de valoración la llevó a tomar decisiones equivocadas y a sentirse sin valor.
Tras llegar a la iglesia y obedecer la palabra de Dios, su vida comenzó a cambiar. Dejó de tener insomnio, ataques de pánico y comenzó a valorarse a sí misma. Afirma que Dios le demostró que la quería y que ahora vive con paz y tranquilidad, criando a sus hijas como Dios le manda.