Se narra cómo un hombre utilizó un bebé prestado por un matrimonio argentino para superar múltiples molinetes y acceder a un partido del Mundial. El plan implicó hacerse pasar por el padre del bebé, usando disfraces como lentes de lectura y un piluso para parecer mayor.
El método consistía en mostrar el bebé en el primer control, generando confianza y permitiendo el paso. La estrategia se repitió en los siguientes controles, a pesar de la reticencia inicial de la madre del bebé.
Finalmente, en el último molinete, dejó al bebé y logró ingresar al estadio, culminando su audaz plan para ver el partido.