Se relata la insólita historia de un hincha argentino que alquiló un bebé para intentar ingresar a un partido del Mundial, haciéndose pasar por padre.
El hombre, sin entrada y ante el alto costo de las mismas (entre 4.000 y 5.000 dólares), ideó el plan para superar los controles de seguridad.
Logró pasar los primeros molinetes con el bebé prestado por un matrimonio, pero enfrentó dificultades en los siguientes, recurriendo a disfraces y a la distracción.