Los incendios forestales en Canadá están generando una densa capa de humo tóxico sobre Nueva York, con consecuencias significativas para la salud. Los expertos advierten que estas emisiones, que pueden permanecer en la atmósfera durante semanas, contienen partículas y gases nocivos vinculados a enfermedades cardiovasculares, respiratorias y neurológicas.
Las olas de calor sin precedentes han intensificado estos incendios, cuya magnitud va más allá de la destrucción de bosques y viviendas. El humo es considerado más tóxico que la contaminación atmosférica habitual y puede afectar a millones de personas al recorrer miles de kilómetros.
La composición del humo incluye tierra, materia biológica, químicos, metales y plásticos, lo que representa un grave riesgo para la salud. La preocupación aumenta de cara a la final del mundo en Nueva York, ya que la persistencia del humo y la dirección de los vientos podrían generar problemas.
Investigadores alertan sobre un posible aumento de ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y paros cardíacos, así como un debilitamiento del sistema inmune y menores tasas de supervivencia postoperatoria, asociados a la exposición al humo de incendios forestales.