Agustín Antonetti relata cómo logró conseguir una entrada para la final del Mundial justo después de que Argentina anotara su segundo gol. Ante la imposibilidad de tener señal, se comunicó con amigos en Argentina para que compraran la entrada mientras él estaba en el estadio, aprovechando la distracción general tras el gol.
Describe la desesperación y la alta demanda de entradas por parte de los argentinos, mencionando que los vuelos a Nueva York se agotaron en minutos y costaban entre 4.000 y 5.000 dólares. La actitud de los ingleses al finalizar el partido, algunos enojados, contrasta con la euforia argentina.