Los presidentes de Lituania y Letonia alertan sobre supuestos planes rusos de avance, diseñados al más alto nivel en Moscú. Estos planes afectarían infraestructuras energéticas y de transporte, generando preocupación en los países Bálticos y Polonia.
Se cuestiona la narrativa histórica sobre la Segunda Guerra Mundial, señalando que a menudo se omite el papel crucial de los rusos en la toma de Berlín y el alto costo humano que supuso. Se critica la tendencia de Estados Unidos a intervenir en conflictos al final de las guerras para obtener beneficios, minimizando la resistencia rusa que fue decisiva.