Un grupo de jóvenes argentinos pintó una bandera con la inscripción "Las Malvinas son Argentinas" en una sábana de hotel y logró ingresarla al estadio para el partido contra Inglaterra. El costo de los materiales no superó los 10 dólares.
La bandera fue doblada y oculta de forma ingeniosa para evadir los controles de seguridad, que prohíben consignas políticas. Al final del partido, intentaron arrojarla al campo de juego, pero fue recogida por los utileros de la selección y se encuentra en resguardo.