Se aborda la instrucción de Pablo sobre la sujeción de las casadas a sus maridos y el amor sacrificial de los maridos hacia sus esposas, comparándolo con el amor de Cristo por la Iglesia.
Se explica que la clave para lograr esta dinámica matrimonial es estar llenos del Espíritu Santo, lo que facilita el amor incondicional y el sacrificio mutuo.
Una persona poseída por el Espíritu se rinde totalmente a su influencia, y el propósito de ser llenos del Espíritu es glorificar a Cristo, lo que a su vez trae paz, armonía y futuro a la familia.