Se presentan tres ejemplos de familias bendecidas: la de Juan el Bautista, la de Obededón y la familia de Jesús, destacando la importancia de la consagración y el temor a Dios.
Se enfatiza que el diseño bíblico para una familia bendecida consiste en un pacto entre un hombre, una mujer y Dios, quienes deben estar llenos del Espíritu Santo.
Se subraya que el matrimonio es una institución regulada por Dios, no por el Estado o la Iglesia, y que el hogar debe ser dirigido por la ley divina para tener futuro.
Se advierte que quitar el Espíritu Santo y la dimensión espiritual al matrimonio y la familia provoca su colapso, mientras que la consagración y el temor a Dios aseguran bendición y prosperidad generacional.