Se leen mensajes de la audiencia que critican la supuesta soberbia de los porteños y desafían a los conductores del programa a realizar ejercicio físico. Los televidentes exigen que Tomás Méndez haga flexiones y sentadillas.
La dinámica del programa se ve influenciada por la interacción con el público, que no solo opina sobre temas de actualidad sino que también propone retos a los presentadores. Se genera un ambiente de complicidad y humor al abordar estas demandas de la audiencia.