Se analiza el fortalecimiento de Chiqui Tapia al frente de la AFA tras el Mundial, independientemente del resultado deportivo. Se destaca que jugadores como Lionel Messi participaron activamente en su reconstrucción de la AFA, lo que generó nuevas afinidades y sociedades.
Se menciona el abrazo entre Tapia y Domínguez como un gesto significativo. La ratificación de Tapia en su cargo se da en un contexto donde incluso River Plate se había retirado de algunos comités ejecutivos. La presencia de jueces y personas vinculadas históricamente a la AFA sugiere una consolidación de su poder.
Se percibe que Tapia, a pesar de no ser candidato a cargos políticos, ejerce un poder considerable, lo que se refleja en las encuestas y en el clima interno de la AFA, donde se respira un ambiente diferente.