Cientos de argentinos coparon el centro de Roma para celebrar con una fiesta descomunal el agónico pase de la selección a la final del Mundial. Las calles de la capital italiana se tiñeron de celeste y blanco.
La noche estuvo cargada de desahogo, cánticos y banderas, replicando la locura y el festejo desbocado que se vivió en otras partes del planeta tras otra jornada histórica para el fútbol nacional.