Una clienta acude a una joyería para tasar un collar de su abuela, con la intención de usarlo en su casamiento y posiblemente añadirle una piedra de color naranja.
Se le informa que la pieza, aunque hermosa y con brillantes, ha sido restaurada, lo que disminuye ligeramente su valor original.
Se le ofrece la posibilidad de calibrar piedras para determinar cuál se podría adaptar al collar, y se le informa sobre el valor de la pieza a pesar de la restauración.