Se establece un paralelismo entre los curas pedófilos que son trasladados de parroquia en parroquia y los sindicalistas "chorros" que se perpetúan en sus cargos.
Se argumenta que, si bien los sindicatos son necesarios, la dirigencia se corrompe y se perpetúa en el poder, a menudo reemplazando a los dirigentes salientes por sus hijos o familiares.
Se critica la falta de acción de los sindicatos para expulsar a los dirigentes corruptos, comparando la situación con la de la Iglesia y los casos de pedofilia.