Se aborda la imposibilidad de manipular la reacción popular, especialmente cuando esta se fundamenta en la representación y la conducción. Se critica la pretensión de minimizar la importancia del partido, remarcando que es el pueblo quien decide el significado de los símbolos.
Se hace referencia a eventos como la proyección de una bandera no argentina en monumentos y el cercado del Obelisco, como intentos de manipulación que fracasan ante la firmeza de la reacción popular.