La oración es presentada como un arma de guerra poderosa y un recurso infalible para el cristiano, capaz de destruir fortalezas del mal.
Se enfatiza que la oración, aunque no tiene límites, debe ser utilizada activamente para ser efectiva, ya que llega al cielo y es escuchada por Dios.
Se advierte contra la duda en las promesas divinas y se destaca la oración que comienza con "escrito está" como una fortaleza contra las mentiras del enemigo.