Se rememora la forma en que los argentinos vivían los partidos de fútbol importantes, como el Mundial de 1978, antes de la masificación de los televisores en los hogares. La gente se congregaba en vidrieras de negocios de electrodomésticos, bares con televisión y hasta en cines que transmitían los encuentros.
Se describe la experiencia de mirar los partidos en las vidrieras, la formación de grupos en bares y la posibilidad de verlos en salas de cine comprando una entrada, como si fuera una prehistoria de la forma de consumo de eventos deportivos.