Se enfatizó la importancia de darle a Dios un lugar de respeto y honra en la vida, el hogar y el ministerio para atraer su presencia y bendición.
Se comparó la actitud de Abraham y Obed Edón, quienes honraron a Dios y fueron bendecidos, con la de quienes buscan la bendición sin amar a Dios, lo cual se considera mezquindad. Se destacó que el amor por Dios lleva a desear su presencia constante.