Se reflexiona sobre la identidad de Yeshua como el Mesías hebreo, israelita y judío, distinguiéndolo de la figura de "Cristo" asociada a celebraciones romanas y fechas como el 25 de diciembre.
Se hace un llamado tanto al pueblo de Israel como al pueblo cristiano a meditar y arrepentirse, reconociendo al verdadero Mesías. Se advierte que algunos cristianos, al reflexionar, se están "judaizando".