Una vecina de Merlo, que trabaja desde casa, comparte su ritual para ver el partido: verlo con su mamá y su sobrino, utilizando siempre la misma ropa, manteniendo el mantel abierto y el álbum de figuritas también abierto. Además, realiza un brindis previo con Coca-Cola.
Se destaca la solidaridad de su empleador, quien le permite trabajar desde casa, facilitando así la continuidad de sus rituales mundialistas. La conversación resalta la importancia de estas prácticas personales en la experiencia colectiva del evento deportivo.