Mick Jagger, a sus 82 años, admitió que la fama extrema puede aislar a las celebridades de la vida cotidiana, requiriendo un esfuerzo consciente para mantenerse conectado con la realidad.
Aseguró que el éxito trae consigo consecuencias psicológicas difíciles de revertir, ya que las personas famosas tienden a rodearse de un entorno similar, desarrollando una personalidad pública distinta a su verdadero yo, lo que puede dañar permanentemente su estado mental.
Jagger describió la vida bajo los reflectores como "absolutamente antinatural", donde la multitud puede generar una descarga de adrenalina que, desde el punto de vista cardiológico, no sería óptima, y comparó la experiencia con la de un artista en un escenario ante miles de personas.
El músico mencionó que muchas personas famosas caen en profundas depresiones o adicciones, sugiriendo que la felicidad que proyectan puede ser falsa. También señaló que sentirse ovacionado por millones y luego experimentar soledad al finalizar un show es una realidad para muchos.
Se destacó que la falta de gestión saludable de la fama puede llevar a adicciones y depresión, y se mencionaron casos como el de Ricky Martin, quien atravesó momentos emocionalmente difíciles. Se enfatizó la importancia del entorno y la red de contención, ejemplificado con Messi y su familia, y se contrastó con casos de artistas cuya fama los ha destruido.
Se resaltó la sabiduría de figuras como Paul McCartney y Ringo Starr, quienes han logrado reconstruir sus vidas y capitalizar la fama para potenciarla en lugar de ser destruidos por ella. Se mencionó el caso de Paul McCartney, quien se refugió en un estudio para grabar un disco durante la pandemia, demostrando un espíritu de reconversión.