Durante la oración en el culto, Jesse sintió un crujido y experimentó alivio inmediato en su brazo y pierna, recuperando la movilidad perdida. Se describe cómo la autoridad sobre la vida y la acción de Jesús obran milagros.
Se narra el momento de la sanación, donde se ordenó la salida de cualquier espíritu de dolencia, manifestándose un "tronido" y la recuperación total de la pierna y el brazo, evidenciando un milagro divino.