Se observa cómo los vecinos implementan medidas extremas de seguridad en sus hogares, como la instalación de múltiples cámaras y domos, para protegerse de la delincuencia.
A pesar de estas precauciones, se cuestiona la efectividad de dichas medidas ante la aparente impunidad de los delincuentes, quienes parecen operar con conocimiento de los puntos ciegos y los horarios de menor vigilancia.
La abundancia de cámaras y rejas en las viviendas sugiere un estado de constante alerta y miedo, reflejando la profunda crisis de seguridad que se vive en la zona.