La guerra entre Estados Unidos e Irán podría entrar en una nueva fase si las hostilidades continúan al mismo ritmo, advierten analistas. Se teme que los ataques se intensifiquen contra infraestructuras civiles, afectando economías regionales y globales.
El tráfico marítimo en el Golfo se ve interrumpido, y la producción de gas y petróleo sufre ralentizaciones, lo que impacta negativamente en la economía mundial. Las reservas estratégicas de petróleo disminuyen, y la normalización del tráfico es crucial para la recuperación económica.
Los ataques, aunque limitados, ya han afectado puertos, estaciones de bombeo y puentes en Irán y otros países del Golfo. La situación se agrava por la falta de una salida clara al conflicto y el uso de la fuerza como herramienta diplomática para presionar en las negociaciones.
Se considera que el 28 de febrero marcó un punto de no retorno, iniciando un proceso de negociaciones paralelas a ataques militares. La prolongación de las negociaciones, que se estiman durarán meses, podría mantener esta dinámica de violencia controlada.