Se relata la historia de Wilson Correa, quien jugaba con Enzo Fernández cuando este era niño en el Club Recó de San Martín.
Para favorecer a Enzo, Wilson llegaba a cortar la luz del club para retrasar los partidos y asegurar que pudiera jugar, demostrando la picardía y el deseo de que el joven talento no perdiera su tiempo.
Se menciona el sacrificio de los padres y técnicos para que Enzo pudiera jugar, y la alegría de verlo triunfar como campeón del mundo.