La fragilidad institucional y la quiebra de la gobernabilidad en Venezuela se hacen evidentes tras el terremoto, exacerbando el dolor y la cólera de la población. Expertas como Yolette Ibracho y Diana Buitrago comparan la situación con tragedias anteriores en Haití y Ecuador, destacando la impotencia ante el desastre.
Se subraya que la debilidad del Estado venezolano, evidenciada en la falta de inversiones y la gestión post-desastre, agrava la situación. La mezcla de duelo, rabia e impotencia genera un profundo malestar, acentuado por la percepción de inacción gubernamental.