Se analiza el "gen competitivo" del deportista argentino y cómo se forja desde temprana edad, lo que les permite afrontar la presión de instancias como una semifinal de Mundial.
Se destaca que el deportista argentino tiene un gen competitivo que marca una diferencia, entendiendo la competencia como la capacidad de rendir al máximo, mas alla del resultado.
Se explica que esta personalidad se va gestando desde los 6 o 7 años, en competencias reales contra adversarios y compañeros, lo que los convierte en profesionales acostumbrados a situaciones de alta presión.
Se menciona que este gen competitivo, sumado al amor por la camiseta, explica el rendimiento de los jugadores argentinos en momentos cruciales.