El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, lanzó una severa advertencia internacional sobre las consecuencias "catastróficas" de una escalada de hostilidades en el Golfo Pérsico. Señaló que un retorno a la violencia a gran escala tendría graves repercusiones para los habitantes de la región, la paz y la seguridad internacional, así como para la economía global.
Guterres expresó profunda preocupación por el recrudecimiento de los enfrentamientos armados, mencionando explícitamente las incursiones iraníes contra buques mercantes en el Estrecho de Hormuz y las ofensivas de respuesta de Estados Unidos. La ONU exigió detener de inmediato todos los ataques y demandó a las potencias involucradas ejercer máxima moderación, instando a Washington y Teherán a resolver sus diferencias mediante la diplomacia.