Investigadores estiman que las olas de calor registradas en mayo y junio provocaron más de 2.700 muertes adicionales en Inglaterra y Gales. El análisis vincula estas muertes con las altas temperaturas, generando preocupación por los efectos de fenómenos meteorológicos extremos.
Los especialistas advierten que los episodios de calor intenso representan un riesgo significativo para la salud pública, destacando la necesidad de medidas preventivas ante el cambio climático.