En Calabria, Italia, la mafia utiliza vacas para aterrorizar a los agricultores, quienes luchan por proteger sus tierras. El problema se extiende por un área de 52 kilómetros cuadrados, donde las vacas sueltas, que parecen encontrar refugio y reproducirse sin control, invaden las zonas de cultivo en busca de alimento.
Pepe, un encargado de monitorear la zona, utiliza cámaras trampa para registrar el número y las rutas del ganado. Hasta el momento, se han capturado 618 reses, pero la población sigue creciendo. Los agricultores, como Domenico Curinga, sufren daños constantes en sus cercas y cultivos, y temen por su seguridad ante la agresividad de los animales.
A pesar de los esfuerzos, la burocracia y la falta de autorización para abatir a los animales dificultan la solución. La policía y las unidades especiales no siempre pueden intervenir eficazmente, dejando a los agricultores en una lucha peligrosa y a menudo sin esperanza contra la amenaza que representa el ganado y, en última instancia, la influencia mafiosa en la región.