En 1986, la AFA recibió la notificación de que Argentina debía jugar con camiseta azul contra Inglaterra. Las camisetas provistas por la marca eran pesadas y calurosas, lo que llevó a Bilardo a cortarlas para que "respiraran".
Ante la imposibilidad de usar esas camisetas modificadas, se recurrió a comprar unas nuevas en un mercado del Distrito Federal. Estas camisetas, aunque del tono correcto, no tenían escudos ni números, y debieron ser bordadas por costureras.