Irán respondió a los ataques estadounidenses afirmando que no permitirá la interferencia de Estados Unidos en la gestión del Estrecho de Ormuz y advirtió a los países del Golfo que cualquier cooperación con Washington será considerada un acto de guerra.
Los Guardianes de la Revolución acusaron a Estados Unidos de poner en peligro el suministro global de petróleo y gas al interferir en la vía marítima. La reanudación de hostilidades provocó un aumento del 4% en el precio del petróleo.