El apóstol Pablo, en Romanos 9, explica que glorificar a Dios significa darlo a conocer al mundo, no añadirle gloria a Él, ya que Dios no puede ser mejorado ni embellecido. Según Hechos 17, Dios no necesita honores humanos; glorificarlo implica que la gente a nuestro alrededor conozca a Dios a través de nuestro comportamiento, volviéndonos "tierra deseable" para ellos.
Vivir como Cristo nos hace atractivos para los demás, quienes desearán el Dios que nosotros tenemos. El ejemplo de Obededón, cuya obediencia atrajo bendiciones a su hogar, muestra cómo la forma de vivir puede hacer que otros deseen conocer a Dios. Isaías también señala que Dios revela su gloria a través de las cosas creadas, como se describe en el Salmo 19, donde los cielos y el firmamento anuncian la existencia de Dios.