En respuesta a la pregunta sobre por qué Dios permite el sufrimiento, el entrevistado sugiere que no es Dios quien lo permite, sino la naturaleza humana y la crueldad de los hombres. Considera que Dios es imperfecto y no omnipotente, y que no puede controlar la angustia de los niños o la escasez de recursos en el mundo.
Plantea que si las personas pensaran más en ese "dios cercano" y practicaran la compasión, quizás el sufrimiento disminuiría. Menciona el "Tonglen" o "respirar el dolor del otro" como una práctica budista que podría ayudar a aliviar el sufrimiento ajeno, integrándola a su propia "religión" personal.