Francisco de Santibáñez analiza el Mundial de Fútbol como un "gran activo de la política exterior argentina", especialmente en un contexto global de crisis e inestabilidad. Destaca cómo el evento deportivo fomenta la unidad nacional y el espíritu identitario, actuando como un catalizador positivo.
Santibáñez diferencia entre "poder duro" (militar, económico) y "poder blando" (atracción cultural, valores), identificando al fútbol argentino como un claro exponente de este último. La imagen de Messi y la selección en estadios internacionales, con hinchas de diversas nacionalidades, demuestra el alcance global y la capacidad de generar afinidad hacia el país.
Este fenómeno, que abre puertas a nivel diplomático y económico, es considerado un recurso valioso que debe ser preservado y potenciado por la política exterior argentina, a pesar de las tensiones y conflictos que puedan surgir en el ámbito deportivo o político global.