Se debate la relación entre la política y el fútbol, criticando a quienes exigen a los futbolistas tomar posturas ideológicas. Se defiende a Messi y a otros jugadores como Lisandro Martínez, argumentando que su desempeño en la cancha es lo relevante.
Se cuestiona la idea de que la ideología deba influir en la apreciación de un deportista, y se compara la situación con figuras históricas como Maradona, cuyo talento trasciende cualquier controversia personal.