El partido de 1986 entre Argentina e Inglaterra está intrínsecamente ligado a la Guerra de Malvinas, un conflicto bélico ocurrido solo cuatro años antes. La tensión política y emocional de la época se reflejó en el encuentro deportivo, considerado por muchos como una revancha simbólica.
El autor Andrés Burgos señala que muchos jugadores argentinos de la clase 72 estuvieron cerca de ir a la guerra, lo que añade una capa de significado personal al partido. La influencia política se extendió hasta el ámbito deportivo, con telegramas de la Primera Ministra británica Margaret Thatcher a los jugadores ingleses, evidenciando la magnitud del contexto.