Se rememora el incidente de Antonio Rattín en el Mundial de Inglaterra 1966, donde fue expulsado y se negó a abandonar la cancha, generando un altercado con el árbitro alemán.
La falta de entendimiento del idioma y la ausencia de traducción agravaron la situación. Tras su salida, Rattín tomó el banderín de Inglaterra en señal de protesta, un hecho que quedó marcado en la historia del fútbol y que simboliza la intensa rivalidad entre ambas selecciones.