Se narra el descubrimiento de Julián Álvarez cuando era un niño, antes de que el mundo hablara de él.
Alfredo Alonso, al buscar un arquero en Argentino Juniors, vio jugar a Julián en una liga no afiliada y quedó impresionado por su habilidad. Ante la negativa del club de pagarle la pensión, Alonso se lo llevó a Gabriel Rodríguez, quien a su vez se lo entregó a Borrelli y Juajo.