Se compara la situación del conflicto en la carrera de running con el caso de Joe Lewis, resaltando la diferencia entre un sendero público y una propiedad privada con barreras y cercas electrificadas. Se cuestiona la legitimidad de cerrar el paso en un sendero público, incluso si se argumenta propiedad privada.
Diego, uno de los corredores agredidos, relata su experiencia al encontrarse con los jinetes que le impidieron el paso y lo golpearon. Se enfatiza que no había barreras ni alambrados que indicaran que el sendero era privado, y que la carrera contaba con todos los permisos necesarios.