Tras terminar la secundaria, el protagonista emprendió un viaje de un año por Latinoamérica a dedo, buscando "un lugar en el mundo". Durante este viaje, experimentó una fuerte conexión con la naturaleza y una "bajada de línea" que lo llevó a cuestionar sus prioridades. Se reencontró con una maestra chamana, Mary Brine, de quien fue discípulo durante 11 años, aprendiendo técnicas de desintoxicación.
A su regreso, sintió la necesidad de crear su propio espacio, honrando la memoria de su maestra. Decidió construirlo en armonía con la naturaleza, utilizando fardos y arcillas. Esta dualidad entre la producción (la tierra, la familia) y la espiritualidad (el espacio interior, la conexión con ella) se convirtió en una parte fundamental de su vida.