Marcelina, tras superar graves enfermedades, relata su proceso de transformación al entregarse completamente a Dios y recibir el Espíritu Santo.
Describe cómo, después de haber recibido el Espíritu Santo, se convirtió en una "nueva persona", dejando atrás su "vieja criatura", su ego y su yo. Afirma que ya no padece ninguna enfermedad, ni el mal de Parkinson, ni dolores de cabeza, ni la enfermedad ósea deformante.
Manifiesta sentirse feliz y plena, viviendo una vida plena, y dedicándose a ayudar a otras personas que sufren. Su testimonio enfatiza que la entrega total y la búsqueda del Espíritu Santo conducen a la sanación y a una vida plena.