La normalidad del Mundial en Estados Unidos se ve empañada por el miedo y la preocupación de la comunidad inmigrante. La presencia del ICE y la separación de familias generan un clima de tensión que contrasta con la celebración del fútbol.
Los inmigrantes temen ser deportados o capturados, lo que afecta la alegría del evento. La situación política en el país se refleja en la comunidad, donde el miedo a la deportación se mezcla con la pasión por el deporte rey.