Se exploran las bendiciones de permanecer en Cristo, que implica obedecerle y tener la misma relación que Él tenía con el Padre. La primera bendición es un gozo profundo, glorioso e indescriptible, que no se encuentra en las cosas materiales sino en la amistad con Dios y el servicio.
La segunda bendición es una vida fructífera. Quienes permanecen en Cristo y sus palabras en ellos, producirán mucho fruto. Se advierte que separados de Cristo, no se puede hacer nada que perdure o trascienda. La imagen del labrador con la podadora se reitera, enfatizando la importancia de ser podado para dar fruto, en lugar de ser cortado.
La tercera bendición es que una vida fructífera lleva gloria a Dios. Una persona bendecida y fructífera hace que otros quieran conocer al Dios que la bendice. Se aclara que llevar fruto no se trata de éxito material o actividad, sino de desarrollar el carácter de Cristo en la vida. La clave para todo esto es la conexión y dependencia de Cristo.