Los consumidores expresan preocupación por la disminución del poder adquisitivo, sintiendo que la plata ya no rinde como antes. A pesar de que las estadísticas oficiales podrían indicar una inflación baja, la percepción en el supermercado es de precios elevados y la imposibilidad de comprar la misma cantidad de productos con el mismo dinero.
Se describe una situación en la que se gasta más y se trae menos mercadería a casa. El costo de vida es más alto, lo que genera un descalce en las cuentas. Algunos consumidores recurren a diferentes supermercados buscando promociones o a segundas marcas para intentar optimizar sus compras.
Si tuvieran más dinero disponible, la prioridad sería recuperar el consumo de alimentos. También se mencionan medicamentos y gastos esenciales para subsistir. Los gastos de esparcimiento y ocio han sido los primeros en ser recortados, considerándolos un lujo en el contexto actual.